Décima de la cascada


«El agua es diferente, no tiene dirección sino hermosura, corre por cada sueño de color, toma lecciones claras de la piedra y en esos menesteres elabora los deberes intactos de la espuma». Bellas palabras de Neruda dedicadas al agua en su libro «Plenos Poderes». Y así la sentimos al ponerse de pie en la cascada.

Blanca de espumas, dirigida solo por la fuerza de la gravedad. Cayendo indolente y orgullosa de su aspecto con la determinación ciega de quien no conoce su destino. Los que sí lo intuimos la vemos caer con alegría y deseamos que llegue a sus destinos clara y limpia. Hasta que después de dar muchas vueltas, el mar la acoja hasta que el sol vuelva a ponerla en pie.

No cesamos de admirarla como lanza enhiesta, cayendo por la cascada, espumeante y orgullosa de alegrarnos los oídos con su música alegre. Melodía que nace del choque de las gotas contra las rocas. Y que aguas abajo se va apagando mientras las gotas se tranquilizan.

Rebasada la cascada, el chorro vuelve a ser caudal destinado a reptar por el cauce. Su objetivo es el de fertilizar ríos, fuentes y arroyos. Y penetrar la tierra lentamente hasta llenar el acuífero.

La veremos horizontal y tumbada en el remanso y la laguna. En el el lago y el fondo del pozo. Pero cuando se yergue en la cascada, la vemos vertical, agitada y viva. Y le hacemos una décima alegre como la que hoy ofrecemos al lector desde la cascada.

Lorenzo Correa

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