Del embalse exhausto a la herradura. Historias del Colorado


Como le sucedía a Einstein, nos encantan los meandros. Sobre todo si son en forma de herradura. En nuestro paseo de los jueves, ahítos de tanta propaganda terrorífica de la sequía, nos fuimos hace un tiempo a una cuenca entonces seca de verdad. La del río Colorado. En este caso, paseamos por el tramo arizoniano. Eso sí que era sequía…

Y hoy recordamos cuando, hace dos años, visitamos con la emoción del seducido por las presas, la de Glen Canyon. Inquietante recorrido de su sequísimo embalse, el famoso Lago Powell. De sus 30 km³ de capacidad solo albergaba entonces la cuarta parte. Esto sí que era sequía, amigos, tras 23 años sin que las nubes se dignaran visitar la cuenca.

Como somos optimistas, continuamos aquel día nuestro recorrido aguas abajo de la presa que al final de estas líneas les mostramos para que se hagan una idea.

Lo primero que vimos, fue un meandro mítico y conocidísmo. El de la Herradura. Arquetipo del meandro inciso, que comenzó a dibujarse en el paisaje fluvial millones de años ha.

Colorado encañonado, al oeste de las Montañas Rocosas. Rememoramos en nuestra imaginación el cataclismo que supuso que extensas superficies de terreno del sur de Utah y el norte de Arizona se elevaran abruptamente, pasando de estar al nivel del mar a situarse en las cotas más altas a  2.000 metros sobre él.

El río, que discurría tranquilo con su pendiente uniforme, se revolucionó con la formación de la meseta, formando en su tramo de mayor pendiente y caudal el meandro para disipar sus energías desbocadas y luego tranquilizarse.

Ciclo continuado de erosión y depósito. La fuerza centrífuga desgasta el margen izquierdo. Lo erosionado fluye  y se deposita dentro de la curva. Y el río serpentea para poder seguir fluyendo aguas abajo

Nos despedimos de la herradura fantaseando de nuevo con teorías creacionistas. Las que defienden que el meandro se formó  poco después de que el Diluvio Universal depositara rocas sedimentarias hace unos 4.400 años. Y el remanso consiguiente detuvo al río en esta curva de herradura. Sírvanos la teoría para recordar de nuevo que después de la sequía, puede llegar el diluvio.

Como casi así ocurrió año y medio más tarde. Y hoy, el lago se ve mucho mejor habiendo alcanzado ya la mitas de su capacidad máxima gracias a las lluvias.

Lorenzo Correa

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